Varios halos de luz azul iluminan de repente el escenario. La gente empieza a agolparse, a corear el nombre del grupo. Noto bajo mis pies las vibraciones provocadas por los atronadores primeros acordes de las guitarras.
Una marea de gente me balancea bruscamente de un lado a otro. Mi voz se une a las voces de cientos de personas, y, entre medias, no puedo parar de reír.
Por un momento te pierdo. Estabas justo a mi izquierda, pero ahora no te veo. No importa, seguro que estás bien. Me dejo llevar, saltando con cada golpe de batería.
Tras varias canciones ya casi me he quedado ronca. Trago saliva e intento recuperar el aliento, pero apenas me da tiempo cuando una nueva melodía se abre paso entre los gritos de la multitud.
De pronto vuelves a aparecer junto a mí. Nos miramos y se nos escapa una carcajada. Tienes el pelo alborotado, tapándote los ojos casi por completo. Seguro que yo tengo más o menos el mismo aspecto.
Apenas alcanzo a ver el escenario, sólo cientos de manos alzadas, agitándose para seguir el ritmo de la canción. Me uno a ellas.
Y entonces llega ese momento, una de las mejores sensaciones que existen: la mejor parte de mi canción favorita. Esos segundos que llevo esperando durante todo el concierto. Me preparo para saltar como nunca pero, en el último momento y sin saber por qué, giro la cabeza y te miro. Tienes los ojos cerrados y los brazos en alto, mientras tus labios siguen perfectamente la letra de la canción, aunque no emiten ningún sonido.
Y entonces sé que eres tú. Siempre lo has sido.
Durante esos segundos toda la gente que me rodea, las luces, la música... todo desaparece y sólo estamos tú y yo.
Cuando termina, abres los ojos y me miras también. Vuelve el ruido, la gente, la realidad.
-¡Tu canción! -exclamas para que pueda oírte-. ¡Ha sido genial!
Yo asiento y noto cómo mi corazón late de forma extraña.
Ya en el metro, ninguna de las dos puede dejar de sonreír. Dios mío, ha sido una de las mejores noches de mi vida. Llevábamos tanto tiempo esperándola...
Estamos justo en el medio del vagón, agarradas a la barra para mantener el equilibrio. Aquí y allá hay grupitos de gente que también viene del concierto, a juzgar por sus camisetas y conversaciones.
-Lo mejor ha sido el principio -comenta un chico detrás de mí.
-Pues yo me he reído muchísimo cuando han dicho lo de...
No puedo terminar de escuchar lo que dice porque escucho tu voz pronunciando mi nombre.
-¿Sí?
-¿Y tu momento favorito? -preguntas-. ¿Cuál ha sido?
Noto que se me enrojece un poco la cara y aparto la vista, avergonzada de repente. Tú sigues mirándome, apremiante, a la espera de una respuesta. Yo lo único que quiero es que llegue ya nuestra parada.
-Pues el mío ha sido éste...
Te inclinas un poco hacia mí y me rozas los labios durante una milésima de segundo. Siento lo mismo que en aquella sala abarrotada de gente, pero multiplicado por cien, a pesar de que ha sido un beso de lo más casto e inocente.
No sé cómo reaccionar, así que simplemente entrelazo mi dedo meñique con el tuyo y te miro otra vez a los ojos.
-Sí, el mío también -murmuro.
Sobre la línea de puntos
lunes 11 de abril de 2011
lunes 28 de febrero de 2011
Escapar
Exhaló el humo de su cigarrillo y observó cómo las volutas blancas chocaban contra el cristal justo donde se reflejaba el brillo de la luna. Deseó poder abrir esa ventana, saltar hacia la fría noche y echar a volar sin llegar a tocar el suelo con los pies. Trazar un plan demente para no volver nunca, sin explicaciones. Pero entonces escuchó un ruido en la habitación contigua que le obligó a bajar de golpe a la realidad. Se secó la mejilla izquierda, dio la última calada a su cigarrillo antes de apagarlo y volvió a la cama.
-¿Qué te pasa? -susurró ella con voz adormilada.
Él la abrazó por detrás y enterró la cara en su cuello.
-Que te quiero demasiado.
-¿Qué te pasa? -susurró ella con voz adormilada.
Él la abrazó por detrás y enterró la cara en su cuello.
-Que te quiero demasiado.
viernes 27 de agosto de 2010
La chica del cumpleaños
-¡Dios mío, tengo el pelo hecho un asco! –Se queja Daniela frente al espejo del baño. -¿Llevo toda la noche con estas pintas?
Sonia le contesta sin dejar de hacerse la raya del ojo.
-Tampoco se nota tanto. Mójalo un poquito y conseguirás algo decente.
La música del local llega de fondo al baño, con lo que allí se puede hablar con relativa tranquilidad, sin necesidad de recurrir a los gritos.
-En fin, ¿has visto a Bruno? ¡Y dijiste que no vendría! ¡Ese chico besa el suelo que pisas! Además, no me puedes negar que está increíblemente guapo. ¿Crees que esta noche… puede pasar algo?
-No sé yo qué decirte.
-Yo si. Además, ¡eres la chica del cumpleaños! No puede negarse.
Sonia sonríe mientras se mira en el espejo. Aunque enseguida tuerce el gesto y mira a Daniela.
-Lleva toda la noche ignorándome. Pensé que era para hacerse el interesante y el tipo duro, pero ya no estoy tan convencida de que sea una pose.
-¿A qué te refieres?
Sonia siguió hablando mientras buscaba un esquivo pintalabios en su pequeño bolso.
-No ha venido solo. Y no me refiero a la panda de amigos idiotas que le siguen a todos lados, sino a que ha venido con dos chicas, a las que no conozco de nada, para repasarme por la cara que hay mas gente.- Encontró lo que buscaba y empezó a teñirse los labios de rojo. -Es patético.
-Las he visto, pero no hay nada con ninguna de ella, seguro. Está claro que intenta hacer como que ha pasado página, pero es imposible. Yo le vi al mes de que le dejaras y estaba hundido. Si está aquí es porque quiere verte, eso no lo dudes.- Mientras hablaba, Daniela se humedecía los rizos, sin demasiado éxito.- Además, ¿te has fijado bien en esas chicas? No te llegan ni a la suela del zapato. Bueno, a la del tacón.
Sonia soltó una carcajada.
-Lo sé. Además, tú lo has dicho: es mi cumpleaños, así que se hará lo que yo diga.
-¿Me dejas el pintalabios? A ver si así eclipsamos un poco lo de mi pelo…
Mientras Daniela se pinta y Sonia se ahueca el peinado, una chica de vestido azul sale de uno de los baños. Se acerca a ellas despacio y, mientras se lava las manos, las mira por el espejo y sonríe inocentemente. Sonia, que se da cuenta, se da la vuelta y la mira.
-¿Tienes algún problema?
-Eres Sonia, ¿no? La chica del cumpleaños.
-Si. ¿Y tú eres…?
-Perdona, no nos han presentado. –Contesta la chica de azul mientras se seca las manos con una toallita de papel- Soy Paula, una de las amigas de Bruno que no te llega ni a la suela del zapato. Perdón, del tacón. Si hemos venido es porque ofreces barra libre y porque Bruno quería demostrarnos que lo había superado. Ahora que hemos bebido y que él ya ha dejado claro que te ignora con mucho estilo, creo que podemos irnos. Ha sido un placer.
Dicho esto, Paula se gira y, a trompicones por la cantidad de chicas que hay, intenta salir del baño. Sonia está roja, pero no de vergüenza, sino de rabia. Querría gritar, saltar, patalear, y agarrar de los pelos a la tal Paula que, de pronto, se para y se gira antes de salir.
-Por cierto, feliz cumpleaños. Seguro que disfrutas mucho de la fiesta, porque, ya sabes, a la chica del cumpleaños no se le puede negar nada.
Y se aleja con una sonrisa y una satisfacción plena. Lleva 4 meses oyendo hablar de Sonia y viendo a Bruno sufrir por ella. Pero esta noche no. Esta noche es el principio de una nueva etapa. Y en ella no hay sitio para la chica del cumpleaños.
miércoles 28 de abril de 2010
Desearía estar así siempre
Se ha quedado dormido sobre mi hombro, con el cuerpo ligeramente girado hacia mí y rodeando mi cintura con su brazo. Su sueño es tranquilo y noto cómo el aire entra y sale lentamente en sus pulmones. Desearía estar así siempre.
El vagón del tren está casi vacío e iluminado por la débil luz del amanecer que nos espera fuera. No quiero que este viaje se acabe. No quiero que las cosas vuelvan a ser como antes.
Entonces él se revuelve en su asiento, inquieto, y yo le acaricio el pelo para que se sienta protegido. Para espantar cualquier mal sueño. Y en ese momento abre los ojos y me mira como si fuera un niño pequeño y desorientado. Se frota los ojos y se incorpora, bostezando como un gato.
-Buenos días –le susurro-. Puedes volver a dormirte, si quieres. Aún queda un poco para que lleguemos.
-Estoy bien –me sonríe. ¿Cómo puede ser todo esto tan fácil para él? ¿Cómo puede ser dos personas a la vez?- ¿Tú no has dormido?
“He estado observándote toda la noche”.
-No estoy cansado –contesto.
“Aunque me mata tener que separarme de ti ahora”.
Muero cada vez que este momento llega. No soporto estar todos los días en la misma clase que él y no poder despedirme con un beso o cogerle la mano cuando se altera. Odio tener que fingir día tras día.
Entonces entrelaza sus dedos con los míos y me da un suave apretón que quiere decir que ya queda poco. Mis ojos se humedecen y me acurruco junto a él para intentar retener esta sensación todo el tiempo que pueda.
Quizás si cierro los ojos con fuerza, el tiempo se detenga…
*Se trataba de un ejercicio de escritura en el que había que escribir durante 5 ó 10 minutos sin parar. Y nada, me salió esto ^^
El vagón del tren está casi vacío e iluminado por la débil luz del amanecer que nos espera fuera. No quiero que este viaje se acabe. No quiero que las cosas vuelvan a ser como antes.
Entonces él se revuelve en su asiento, inquieto, y yo le acaricio el pelo para que se sienta protegido. Para espantar cualquier mal sueño. Y en ese momento abre los ojos y me mira como si fuera un niño pequeño y desorientado. Se frota los ojos y se incorpora, bostezando como un gato.
-Buenos días –le susurro-. Puedes volver a dormirte, si quieres. Aún queda un poco para que lleguemos.
-Estoy bien –me sonríe. ¿Cómo puede ser todo esto tan fácil para él? ¿Cómo puede ser dos personas a la vez?- ¿Tú no has dormido?
“He estado observándote toda la noche”.
-No estoy cansado –contesto.
“Aunque me mata tener que separarme de ti ahora”.
Muero cada vez que este momento llega. No soporto estar todos los días en la misma clase que él y no poder despedirme con un beso o cogerle la mano cuando se altera. Odio tener que fingir día tras día.
Entonces entrelaza sus dedos con los míos y me da un suave apretón que quiere decir que ya queda poco. Mis ojos se humedecen y me acurruco junto a él para intentar retener esta sensación todo el tiempo que pueda.
Quizás si cierro los ojos con fuerza, el tiempo se detenga…
*Se trataba de un ejercicio de escritura en el que había que escribir durante 5 ó 10 minutos sin parar. Y nada, me salió esto ^^
domingo 11 de abril de 2010
Tablón de anuncios
Lo primero, agradeceros a todos los que nos seguís vuestro apoyo. El blog ya tiene 28 lectores y esperamos que el número aumente con el tiempo.
Por otro lado quería recordaros que cuando este blog se creó estaba pensado no sólo para el disfrute de los lectores, sino también de los escritores con experiencia o novatos. Por ello os invito, a todos los que aún no os habéis animado, a mandar vuestros texto y relatos a sobrelalineadepuntos@hotmail.es para que el blog sea un poco más vuestro, más variado, más de todos.
De verdad, animaos, seguro que os salen cosas increíbles porque todos tenemos historias, relatos o pensamientos que compartir con los demás. Dejaos llevar por la inspiración y haced frente al folio en blanco. Hay un trocito de línea de puntos para cada uno de vosotros.
Gracias, una vez más, por estar ahí.
Nos vemos por el blog.
Por otro lado quería recordaros que cuando este blog se creó estaba pensado no sólo para el disfrute de los lectores, sino también de los escritores con experiencia o novatos. Por ello os invito, a todos los que aún no os habéis animado, a mandar vuestros texto y relatos a sobrelalineadepuntos@hotmail.es para que el blog sea un poco más vuestro, más variado, más de todos.
De verdad, animaos, seguro que os salen cosas increíbles porque todos tenemos historias, relatos o pensamientos que compartir con los demás. Dejaos llevar por la inspiración y haced frente al folio en blanco. Hay un trocito de línea de puntos para cada uno de vosotros.
Gracias, una vez más, por estar ahí.
Nos vemos por el blog.
jueves 1 de abril de 2010
La vida perfecta
¿Sabes? Para que la vida sea perfecta no hace falta ser rubia de ojos claros, medir metro setenta , tener dinero y colegas con los que salir.
Para que la vida sea perfecta lo único que se necesita es una autoestima alta, como unos tacones Louboutin, y saber comerse el mundo. Una vez que lo comprendas, tu vida será perfecta, aunque sea desde unas hawaianas de los chinos.
Para que la vida sea perfecta lo único que se necesita es una autoestima alta, como unos tacones Louboutin, y saber comerse el mundo. Una vez que lo comprendas, tu vida será perfecta, aunque sea desde unas hawaianas de los chinos.
domingo 14 de marzo de 2010
Plumas de mil colores
Pablo tiene el pelo muy rubio y la cabeza llena de pájaros. Le gusta crear ideas absurdas, alocadas y divertidas y darles alas de todos los colores. Aunque, en realidad, él nunca deja volar su imaginación, nunca deja que los pájaros vuelen más allá de su cabeza.
Nuria tiene la cara llena de pecas y en su cabeza ya no quedan pájaros. Cuando se le ocurre alguna idea descabellada la lleva a cabo, la grita a los cuatro vientos, la deja en libertad para que pueda volar a cualquier rincón del mundo.
Pablo y Nuria quedan todos los martes enfrente de su portal para tomar un helado. Él siempre se pide un cucurucho de chocolate, mientras que Nuria cada día se pide un sabor y un tipo diferente. Y así, con un helado de por medio, hablan de cómo les ha ido la semana. Además, todos los martes Pablo lleva un pájaro nuevo para compartir y regalarle a Nuria. Se los lleva de todo tipo: historias de viajes imposibles, secretos que se guardan debajo de la cama, cuentos que ocurren en lugares muy lejanos o tipos de helado que sólo se pueden saborear con la imaginación. Nuria le escucha encantada y fascinada, y se lleva cada martes su nuevo pájaro a casa. El problema es que Nuria no puede mantener su jaula cerrada, y antes de que se vuelvan a ver ya le ha dejado volar, haciendo realidad lo imposible y haciendo que los vergonzosos secretos no parezcan tan terribles. Fue ella la que le llevó un fin de semana de viaje a la tierra de las montañas de chocolate, donde los ríos son de leche y los volcanes escupen caramelo, y la que le consiguió la dirección de la librería de cuentos de dragones más grande del mundo. Le consiguió una cita con una verdadera madrastra de cuento, fueron justos a clases para aprender el idioma de las hormigas y le regaló por su cumpleaños una manta de conchas de playa. Incluso, una vez, consiguió llevarle en un tarro polvo dorado de hada para cuando quisiera volar.
El único pájaro que Pablo aún no le ha enseñado a Nuria es uno rojo, brillante, con plumas de colores al final de las alas y cola larga y dorada, como un ave fénix. Es ese que habla del amor por Nuria, de cómo le encanta como se le mancha la nariz de helado o como le mira con esos ojos azules cada vez que él le cuenta una historia. A Pablo le da miedo que a Nuria no le gusten lo pájaros rojos, se enfade con él y ya no quiera volver a verle ningún martes para comer helado o no quiera volver a luchar contra los piratas el último sábado de cada mes.
Un martes Nuria llega con algo enorme entre las manos cubierto con una tela azul marino llena de estrellas. Lo deja encima de su mesa de la heladería y espera impaciente a que Pablo aparezca por la puerta.
-¿Y eso tan grande?
-Es para ti. Es un regalo.
-¿Un regalo?
-Si. He encontrado algo aún mejor que las palomas mensajeras, además es más bonito. Así nos comunicaremos de forma más rápida cuando me quieras mandar un mensaje desde tu guarida.
Y entonces retira la tela estrellada y deja al descubierto una enorme jaula dorada donde hay un precioso pájaro rojo, con plumas de colores en las alas y una larga y azulada cola. Pablo lo mira sin poder creérselo.
-¿A ti… a ti te gustan los pájaros rojos?
Nuria está jugueteando con el ave, dándole pipas a través de los barrotes.
-Son mis favoritos. ¿A ti no te gustan?
Pablo siente una alegría por dentro tan inmensa que por fuera le sale la sonrisa más grande que jamás había tenido.
-A mi también. De hecho, el pájaro que hoy traigo para ti se parece mucho, mucho a ese.
Nuria tiene la cara llena de pecas y en su cabeza ya no quedan pájaros. Cuando se le ocurre alguna idea descabellada la lleva a cabo, la grita a los cuatro vientos, la deja en libertad para que pueda volar a cualquier rincón del mundo.
Pablo y Nuria quedan todos los martes enfrente de su portal para tomar un helado. Él siempre se pide un cucurucho de chocolate, mientras que Nuria cada día se pide un sabor y un tipo diferente. Y así, con un helado de por medio, hablan de cómo les ha ido la semana. Además, todos los martes Pablo lleva un pájaro nuevo para compartir y regalarle a Nuria. Se los lleva de todo tipo: historias de viajes imposibles, secretos que se guardan debajo de la cama, cuentos que ocurren en lugares muy lejanos o tipos de helado que sólo se pueden saborear con la imaginación. Nuria le escucha encantada y fascinada, y se lleva cada martes su nuevo pájaro a casa. El problema es que Nuria no puede mantener su jaula cerrada, y antes de que se vuelvan a ver ya le ha dejado volar, haciendo realidad lo imposible y haciendo que los vergonzosos secretos no parezcan tan terribles. Fue ella la que le llevó un fin de semana de viaje a la tierra de las montañas de chocolate, donde los ríos son de leche y los volcanes escupen caramelo, y la que le consiguió la dirección de la librería de cuentos de dragones más grande del mundo. Le consiguió una cita con una verdadera madrastra de cuento, fueron justos a clases para aprender el idioma de las hormigas y le regaló por su cumpleaños una manta de conchas de playa. Incluso, una vez, consiguió llevarle en un tarro polvo dorado de hada para cuando quisiera volar.
El único pájaro que Pablo aún no le ha enseñado a Nuria es uno rojo, brillante, con plumas de colores al final de las alas y cola larga y dorada, como un ave fénix. Es ese que habla del amor por Nuria, de cómo le encanta como se le mancha la nariz de helado o como le mira con esos ojos azules cada vez que él le cuenta una historia. A Pablo le da miedo que a Nuria no le gusten lo pájaros rojos, se enfade con él y ya no quiera volver a verle ningún martes para comer helado o no quiera volver a luchar contra los piratas el último sábado de cada mes.
Un martes Nuria llega con algo enorme entre las manos cubierto con una tela azul marino llena de estrellas. Lo deja encima de su mesa de la heladería y espera impaciente a que Pablo aparezca por la puerta.
-¿Y eso tan grande?
-Es para ti. Es un regalo.
-¿Un regalo?
-Si. He encontrado algo aún mejor que las palomas mensajeras, además es más bonito. Así nos comunicaremos de forma más rápida cuando me quieras mandar un mensaje desde tu guarida.
Y entonces retira la tela estrellada y deja al descubierto una enorme jaula dorada donde hay un precioso pájaro rojo, con plumas de colores en las alas y una larga y azulada cola. Pablo lo mira sin poder creérselo.
-¿A ti… a ti te gustan los pájaros rojos?
Nuria está jugueteando con el ave, dándole pipas a través de los barrotes.
-Son mis favoritos. ¿A ti no te gustan?
Pablo siente una alegría por dentro tan inmensa que por fuera le sale la sonrisa más grande que jamás había tenido.
-A mi también. De hecho, el pájaro que hoy traigo para ti se parece mucho, mucho a ese.
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